domingo, 31 de marzo de 2013

IS THIS VIETNAM??

Habíamos parado en Saigón para descansar un poco y poder organizar con calma los siguientes pasos del viaje, así que una vez hecho esto, era hora de partir. La siguiente parada sería la bonita ciudad de Hoi An, para mí de hecho la más bonita de las que hemos visto con diferencia. Parecía que estuviésemos en un pequeño cuento de hadas, todo muy bucólico y romántico, una delicia de lugar.

Pero antes de llegar aquí teníamos que coger el correspondiente medio de transporte, así que nos acercamos a comprar nuestros tickets de autobús y en la fecha elegida nos montamos desde primera hora en un sleeper bus. De apariencia exterior exactamente igual que un bus normal, pero dentro no había asientos, era todo literas, pequeñas camitas. El viaje duró en total unas 25 horas, al principio bien, pero después de las 19 primeras horas resultó muy "confortable" vamos (entiéndase la ironía).

El caso es que por fin llegamos a nuestro destino, y ahora sí que os presento a la bonita Hoi An.









Hoi An tiene mucha influencia japonesa y francesa, una mezcla curiosa pero muy agradable a los ojos.

Como ya he dicho la ciudad me encantó, pero lo que iba a ser una estancia de varios días se convirtió en paso fugaz de tan sólo uno, y es que fue aquí donde comenzamos a toparnos con la cara menos amable de los vietnamitas
.


Al llegar a Hoi An buscamos el correspondiente alojamiento, y tras varias ojeadas, encontramos por casualidad una guest house que estaba bastante bien de precio. El caso es que todo pintaba muy bien, lo único que a la hora que llegábamos la habitación que nos darían no estaba libre y teníamos que esperar un par de horas. Sin problema, decidimos ir a desayunar y a la vuelta estaría todo listo.....
Ay....inocentes....... De listo nada, lo único listo (o lista en este caso) era la de la guest house.... en definitiva, no había habitación, nos querían meter en una privada suya (echa unos zorros y con más humedad que la casa de la sirenita) por un precio que no lo valía ni por asomo, y después de discutir y bla bla bla, esperar y bla bla bla, acordar más tiempo y bla bla bla, volver y nada y bla bla bla....tomarnos el pelo y bla bla bla, cabrearnos y sacar la vena por momentos porque la tipa se estaba riendo en nuestra cara bla bla bla ... al cabo de las 6 horas nos dieron una habitación habitable.
Aquí descubrí el carácter interesado, estafador y pasota de algunos vietnamitas y ellos algo del nuestro, por aquello de igualar. No generalizo, pero haber de éstos, los hay, y muchos, o a lo mejor nosotros hemos tenido la suerte de conocer a casi todos, somos muy afortunados!! jeje
Por otro lado os diré que, como posiblemente pensaréis algun@, una opción fácil habría sido mandarles al carajo e ir a otro hotel desde el principio.. si, no lo niego, pero decidimos quedarnos ahí e irnos rápidamente a la mañana siguiente, primero porque los demás hoteles se iban de presupuesto y segundo, me habían tocado tanto las narices que sólo quería perderles de vista pero en algún sitio había que dormir (al final la habitación -la buena- no estaba tan mal).

 Lo bueno de toda esta película: Hoi An no es muy grande, así que lo vimos de sobra en ese día, mientras esperábamos, y al siguiente pudimos irnos al siguiente destino.

**

Pero "lo bueno" no acababa aquí. Nuestro bus, el que nos iba a recoger a las 8.30h nos dejó más tirados que una colilla. Ya estábamos "calentitos" con lo del día anterior, pero bueno, dimos una hora y media de cortesía antes de ir a ver qué pasaba. Nada, nos había tocado la china y en esta ciudad las pocas personas relacionadas con el turismo con las que topamos, nos es que nos dieran precisamente muchas facilidades. Finalmente conseguimos salir de Hoi An 5 horas después de la hora prevista.
Un viajecito en bus y llegaríamos a Hué, una ciudad bastante grande, en la que tras la liada de Hoi An decidimos estar algo más por no gastar demasiado (cuanto más te mueves, más gastas).


Hué no deja de ser una ciudad moderna, pero lo más interesante, o al menos mi opinión personal, es la ciudadela y su recinto imperial, Kinh Thanh, lugar de antiguos emperadores. 







Nuestro tiempo en Hué acababa así que una vez más....de oca a oca y tiro porque me toca..... Destino fijado: Ninh Binh

Y aquí como ya estábamos en racha, no podíamos librarnos de la siguiente..... ¿Apostáis por algo?....¿Tal vez timados en el alojamiento?....¿Tal vez engañados con alguna comida y su relación calidad - precio? (que también pasa lógicamente).... NO, seguíamos en las mismas, el dichoso transporte.

 Si hasta la fecha nuestro récord en un bus estaba en 25 horas, ese viaje que era de 12 horas se convirtió en uno de......30 horitas!!! yuhuuuuu!!! Y nos lo queríamos perder....
Ésta fue muy divertida.... salimos tan felices de Hué, por la tarde, y después de una parada para cenar volvimos a emprender camino. Hasta aquí todo bien. A eso de la una de la madrugada el bus se para y notamos como los conductores (2) se ponen a hacer algo en el bus. Bueno, un rato de espera....una hora....dos horas.....tres horas.....y ruidos "trasteando" el bus, para entonces prácticamente todo el pasaje despierto y sin tener ni idea de qué pasaba....cuatro, cinco....y descubrimos que el motor está dañado y están reparándolo, vamos, que a eso de las 7 de la mañana, ya hartos de esperar, con hambre, sueño, y demás necesidades fisiológicas, además de que el bus ya era un horno por entonces, nos bajamos todos y oh!! sorpresa.... ni rastro de los conductores y el motor en el suelo.


Ahí estábamos todos, en medio de la nada, alucinados porque nos habíamos quedado tirados, sin ningún tipo de explicación ,y para entonces ni mencionamos solución, sin rastro de los responsables...a verlas venir. Al final y después de llamar a la empresa (que es como no llamar a nadie) aparece uno de los conductores, nos dice que viene otro bus a por nosotros y nos lleva sanos y salvos a nuestro destino.
Bien!! se empezaba a ver algo de luz al final del túnel....y nuestro bus llegó!! eso si, una tartana local, llena hasta los topes de vietnamitas cargados de maletas, comida, patos (vivos por supuesto ) con unos asientos más duros que una piedra y los empujones y jactadas de los conductores y "acomodadores " del bus.. pero era lo que había. Nos metimos literalmente todos a presión, con gente sentada en el pasillo, muy al estilo hindú, y ále, a tirar millas. Unas muchas horas más....y por fin llegamos a Ninh Binh!!
Cogimos rápidamente hotel, cenamos y a dormir....era hora de descansar realmente.

Al día siguiente búsqueda de una guest house mejor situada, alquiler de moto....y a recorrer el lugar que compensaría todo lo anterior: Tam Coc





Aquí primero hicimos un recorrido por el río en una de sus pequeñas barcas, descubrimos sus arrozales y vimos cómo los trabajaban, atravesamos cuevas, disfrutamos de las paredes de las enormes montañas...muy agradable la verdad.
Durante el paseo vimos en lo alto de una de las montañas un pequeño templo y un mirador, así que ahí iríamos después, 
no sin antes parar a tomar un café y comer algo en un bar donde trabajaba una señora que muy amablemente nos cuidó la moto por el módico precio de... gratis!!

Nuestra suerte empezaba a mejorar.... Hasta que trajeron mi sopa......
Algun@ habéis probado una especie de gelatina, con trozos minúsculos de calabaza, llena de una hierba parecida al perejil pero que sabe a detergente (literalmente, no exagero) y como colofón una bola enorme de helado encima....pero de vainilla y chocolate?? ....... Bien, yo lo hice, con el consiguiente cachondeito con Urtzi, y es que al menos nos lo pasamos bien, creo que mi cara a cada cucharada era un poema y al menos nos echamos buenas risas.
Entiéndase que no pretendo menospreciar la cocina del local, ni el cariño puesto en cada plato, dios me libre!! pero esa ha sido la peor sopa que he probado en mi vidal!! era imposible comerla, imposible creedme....el helado intentaba camuflar un poco el sabor, pero yo creo que lo empeoraba....En definitiva... La sopa pudo conmigo.



Y después del innovador almuerzo, era momento de volver a disfrutar del paisaje, pero esta vez desde el mirador. Llegamos a una especie de parque, y después de descubrir las escaleras que llevan al cielo (parecía que no acababan) y subirlas claro, nos quedamos un rato disfrutando de las vistas, después de todo nos lo habíamos ganado!!!!






Algún que otro recorrido más por Tam Coc y el centro, Ninh Binh y en breve emprenderíamos de nuevo camino, pero hoy os he hecho leer mucho, así que ésto os lo cuento el próximo día.

Ya sabéis....

Disfrutad!!
Besos,
Rebe

viernes, 29 de marzo de 2013

ENTRE ARROZALES


Mientras apurábamos los últimos momentos de nuestro paso fugaz por Camboya, era hora de ir organizando todo para el nuevo destino, así que ni cortos ni perezosos nos pusimos manos a la obra y en 24 horas teníamos en nuestra mano el papelito que permitiría que avanzáramos en este viaje...



 Y con nuestra visa pegada en el pasaporte, decidimos que, ya que habíamos cruzado fronteras por aire (de India a Tailandia) y por tierra (de Tailandia a Camboya) ésta vez tocaba  por agua...así que cogimos el correspondiente barco para atravesar por el río Mekong desde Camboya a Vietnam, descubriendo a sus gentes viviendo su día a día a orillas del río o incluso en él (en casas flotantes), viendo como los búfalos se daban su chapuzón matutino, cómo los niños te saludan encantados al paso de la barca... una experiencia muy interesante.






Una vez dejamos la barca, aún teniendo la sensación de estar en Camboya, llegamos a Chau Doc, un pequeño pueblo en el que hay un mercado que abarca toda su longitud, y en el que es evidente que viven de lo que les proporciona el río (en cuanto a alimentos y gracias a los turistas que, como nosotros, cruzan la frontera por aquí). 
Unos minutos más para aclimatarnos, buscar alojamiento, y salir a dar un paseo por nuestra primera parada en este nuevo país. La gente era bastante amable (cosa que nos sorprendió porque todo el mundo nos hablaba "no muy bien" de los vietnamitas, aunque más adelante aprenderíamos el por qué de esa opinión).

Al día siguiente cogimos un autobús que nos llevó a la segunda parada: Can Thó. Tras llegar y coger habitación etc etc (vamos, lo normal cuando llegas a un sitio nuevo) nos echamos a la calle a ver un poco el pueblo y sobre todo a atacar uno de los puestos de comida local, estábamos desmayados y esa vez tocó comer sopa de noodles junto con una familia que tenía un bebé muy simpático. 





  La intención principal de pasar por aquí era visitar el famosísimo mercado flotante, y es que cada mañana, desde bien temprano los comerciantes se echan al agua con sus embarcaciones, primero para vender al por mayor y luego al consumidor, así que para verlo cogimos una barca antes del amanecer y volvimos a tierra unas ocho horas después. Durante todo ese tiempo en el agua vimos "las relaciones comerciales" de los locales, cómo se abastecían unos y otros, nos regalaron frutas, pasamos a visitar una fábrica de noodles de arroz (bastante interesante por cierto), bajamos a un bar al lado del río a tomar algo, cruzamos un finísimo e inestable puente antes de coger  de nuevo la barca...en fin, una jornada completita, aunque tras ver la primera parada del mercado y la fábrica de noodles...personalmente a mi me hubieran sobrado como unas 4 horas de recorrido, aún así lo recomiendo, es algo muy diferente a lo que acostumbramos y bastante bonito. 





Nada más pisar tierra firme nos fuimos escopetados a coger de nuevo un autobús que nos llevaría  destino a una de las grandes urbes de Vietnam....Ho Chi MIn, o lo que es lo mismo para los vietnamitas del sur...Saigón. 






Vuelta al caos de tráfico, a un "'monstruo " de ciudad con algunas reminiscencias francesas, pero a hacer una pequeña parada de un par de dias para seguir planeando el camino al  norte. Y aquí no podía faltar el obligado paseo de reconocimiento de "la city", visita al museo de la guerra (impactantes todas las armas y fotografías expuestas... desde luego algo que ojalá nunca en ningún lugar vuelva a repetirse... aunque conociéndonos... pues eso, ojalá NUNCA se repita ) 






Al igual que hicimos en Saigón, que paramos para organizar lo que vendría después, aquí hago la primera pausa sobre Vietnam para preparar la segunda parte...camino al norte, que os contaré MUY PRONTO, y es que el sur fue un paseo, con alguna que otra faena con los transportes eso sí, pero nada importante, "lo mejor" vendría después y la explicación a las opiniones sobre "el mal carácter vietnamita" las entenderíamos en unos días.

Mientras tanto...

Disfrutad !!

Besos, 

Rebe

lunes, 18 de marzo de 2013

SAWAKUM ( Bienvenidos )


 Atrás estábamos a punto de dejar Tailandia, así que era hora de madrugar y poner los pies en el camino a la estación de tren de Bangkok, ya que tocaba coger uno que nos llevara a la frontera con nuestro siguiente destino.............Camboya. 




 Después de un trayecto un poco largo ( a estas alturas ya sabéis que los viajes por aquí "normales" andan sobre las 8 - 9 horas como poco... ) en un tren que parecía "el de la fresa" de Aranjuez, de madera por dentro, con asientos nada cómodos, y aunque en esta ocasión no había rastro de frutos rojos, cada parada pasaban por el vagón varios vendedores ofreciéndote productos típicos tailandeses. La verdad que no probé ninguno, de lo que verdaderamente tenía hambre era de sueño, así que dormí a ratos como pude, luchando contra la gravedad por no dejarme el cuello en el intento. Al fin  llegamos al pueblo fronterizo y tras pasar por el correspondiente banco a hacer el cambio de moneda del Bath al Riel, nos adentramos en el maravilloso mundo de la aduana camboyana. 

 Os contaré que si por Asia en general la policía es algo mafiosa, en Camboya no iba a ser menos. Tras poner el correspondiente sello "de salida" a nuestro pasaporte en el edificio Tailandés, cruzar la calle y pasar por la puerta (no como la de Alcalá que es más bonita) camboyana, era hora de armarse de paciencia, valor o no sé muy bien cómo llamarlo y solicitar el visado camboyano (en este caso no era necesario ir a la embajada de Camboya en Bangkok con anterioridad, en Poipet - que es el pueblo fronterizo en cuestión- te lo hacen en el momento). 

 Pues bien, el panorama no era muy halagüeño, había unos cuantos policías, uno de ellos con cara de pocos amigos que a cambio de gestionar el visado "rápido" te exigía una suculenta propina tal y como nos avisaron el resto de viajeros y por lo que pudimos comprobar.  Según la cara que te viera te pedía más o menos, así que en esta ocasión me acerqué yo, previa preparación del monedero con el dinero justo para la visa y "por si las moscas" con tan sólo 1 $ más. Efectivamente, no fallaba... el hombre pedía 20 $ por la visa (que ya está bien) y mínimo 6 $ de propina, así que le dije que lo sentía pero no tenía más dinero, insistió con cara de pocos amigos y empecé a respirar la amenaza de que podríamos quedarnos bastante rato allí, así que le dije, "no tengo más, como mucho un dólar, no hay más dinero, la visa son 20", aceptándolo de mala gana lo cogió y por suerte en 10 minutos nuestra visa para poder entrar estaba lista!!! Al final nosotros tuvimos suerte dentro de lo malo... a mucha gente le sacan mucho más dinero, en fin.. una vergüenza. 

Pero después de esta primera toma de contacto con los cuerpos de seguridad camboyanos (ja!! por llamarlo de algún modo) , emprendimos camino a la primera parada.... Siem Reap, la ciudad donde se encuentra Angkor, o lo que es lo  mismo, las ruinas de las sucesivas capitales del Imperio Jemer durante su época de esplendor con sus famosos y derruidos templos.

Pero no fuimos "del tirón" a Angkor, primero cogimos el correspondiente bus desde la frontera a Siem Reap. El paisaje de Camboya por allí me sorprendió, en realidad mirar por la ventana del autobús generaba una frase automática en mi cabeza:  "Ancha es Castilla".... y es que era igual!!! con la diferencia de que, en cuanto te cruzabas con alguien, su aspecto era algo diferente al nuestro, entonces volvías a Camboya, y porque también a medida que avanzábamos íbamos descubriendo las típicas casas (muy humildes) de bambú y hojas de palmera, las típicas vacas esqueléticas (aquí exageradamente anoréxicas las pobres), los típicos accidentes de coches y camiones en la cuneta por exceso de velocidad.... lo típico vamos. 




Pero llegamos a Siem Reap, y ya que mi cabeza andaba con las comparaciones (aunque sean odiosas) nos encontramos con un lugar MUY turístico, plagado de restaurantes, chiringuitos, bares de copas... con su correspondiente río (a falta de playa)... vamos, nos sentimos como en Benidorm.







Después de una cena, en la que Urtzi probó una típica sopa vietnamita, un paseo por el río y una pequeña vuelta de reconocimiento a ese pequeño y particular Benidorm, nos fuimos a descansar, al día siguiente alquilaríamos unas bicis e iríamos a ver nuestro objetivo de la zona: Angkor. 

Abrimos el ojo a un nuevo día y tras coger esas bicis, emprendimos camino para ver el tan esperado Patrimonio de la Humanidad. 




Al llegar comprobamos que estaba atestado de gente, tanto locales como turistas... una barbaridad, y tras aparcar las bicis en un sitio donde no tuviéramos que pagar (aquí te ven cara de moneda y te piden por todo), nos fuimos acercando a las tan ansiadas ruinas. 



Ver Angkor lleva su tiempo, puedes coger ticket para un día, tres o hasta una semana!! vamos, que es algo grande, al fin y al cabo son ruinas de ciudades, aunque lo más destacable son las zonas de los templos. Nosotros cogimos un día, y la verdad que nos cundió bastante, pasamos por el principal: Angkor Wat, por Bayón, la zona de la terraza de los elefantes, TaProhm (o donde se encuentra el famoso árbol de raíces espectaculares que veréis ahora) y muchas cosas más, ir con bici, a tu aire y sin esperas agiliza bastante .... en definitiva, hicimos un recorrido muy completo, salvo una o dos cosas,  de las que podéis ver en el mapa: 




Os dejo algunas fotos de nuestro paso por aquí, desde luego merece la pena visitar estas ruinas, son alucinantes!!



















He de decir que aunque nos hubiera gustado muchísimo pasar mucho más tiempo en Camboya, finalmente por el planning que nos marcamos, en este país haríamos una visita express, así que una vez vimos Siem Reap y Angkor, cogimos de nuevo carretera y manta hasta llegar a la capital: Phnom Penh. 

Y de este lugar, os puedo decir que es una ciudad grande, con mucha locura en su tráfico, aunque a éstas alturas de la película lo extraño sería que éste fuera fluido y tranquilo, con mezcla por sus calles, gente y mercados entre India, China y la propia Camboya. 




Los camboyanos, de aspecto físico son muy parecidos a los tailandeses, en cuanto a la limpieza... tienen cosas como los indios se podría decir aunque no "a tan gran escala" y algunos platos de su comida e incluso barrios, son chinos. Al final,  como siempre nos pasa en estos casos, nos quedamos con la gente, es la mejor manera de conocer sus costumbres, el país, y es realmente lo divertido e interesante, el cómo se sorprenden, y nos sorprendemos por ejemplo, cómo ríen cuando les dices algo en su idioma porque no es común ver "a un blanquito" hablar camboyano (aunque casi no nos dió tiempo a aprender palabras, el "hola" y el "gracias" en jemer siempre son un recurso). 





En esos días aprovechamos para ir a visitar uno de sus más conocidos "museos" (por llamarlo de algún modo..), el Tuol Sleng (museo del genocidio o museo del horror). Uno de esos lugares que aunque no sean muy "agradables" de ver, no viene mal para conocer las atrocidades que las personas pueden llegar a cometer y aprender de ello para que nunca vuelva a ocurrir. El lugar en cuestión es el colegio que más tarde Pol Pot (dictador camboyano lider de los jemeres rojos) convirtió en el recinto o cárcel donde llevaban a los prisioneros antes de ser asesinados y las habitaciones y estancias donde se les torturaba durante su "drástica política de reubicación de la población", vamos, GENOCIDIO, durante los años 70.  Éste lugar, junto con Choeung Ek (afueras de Phnom Penh donde llevaban a la gente a morir) son escalofriantes y desde luego unas de las partes más tristes del pasado de Camboya. 

(De este lugar no voy a poner apenas fotos porque muchas de ellas son bastante duras, aunque tan solo os enseñaré las "camas" por llamarlo de alguna manera donde encadenaban a algunos prisioneros, y alguna máquina de tortura. Os aseguro que pasear por sus habitaciones - antiguas clases - y pabellones es escalofriante, y ver las caras de toda esa gente... aún se me pone el vello de punta). 






Pero volviendo a la ciudad en cuestión, también os diré que Phnom Penh cuenta con la zona del palacio real, bastante bonita, con un gran museo arqueológico que tiene como sede un edificio precioso y un gran parque, calles con sus marañas de cables imposibles de arreglar ( aunque lo intentan con ahínco...), con una calle enorme que tuvimos que recorrer un par de veces para conseguir nuestro visado al siguiente paso en el camino y del que os hablaré.... en el siguiente capítulo / post jeje






Mientras tanto, y después de todo el texto que os he hecho leer hoy.... me despido como siempre... 

Disfrutad!!!

Besos, 

Rebe